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martes, 23 de abril de 2013

DÍA DEL IDIOMA ESPAÑOL- IE ROMÁN GÓMEZ 2013

CELEBRACIÓN DÍA DEL IDIOMA ESPAÑOL
INSTITUCIÓN EDUCATIVA ROMÁN GÓMEZ
23 DE ABRIL DE 2013
Nuestro respeto y admiración para estos prohombres que con sus letras forjaron un legado imborrable para la humanidad. 
A escritores como Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespere, Homero, Gabriel García Márquez, Esopo, Tomás Carrasquilla, Rafael Nuñez y Rafael Pombo, entre otros, rendimos homenaje.

LA ODISEA- HOMERO
GRUPO 11ºA




                                               CARTELERA ESTUDIANTES 9ºB


                                   ALFRED NOBEL- PREMIO NOBEL DE LITERATURA
                                                                           11º B

                             CIEN AÑOS DE SOLEDAD- GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
                                                                               9ºD



                                "EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA"
                       MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA- (máxima obra de la lengua castellana)
                                                                                 9ºC




"ROMEO Y JULIETA"
WILLIAM SHAKESPEARE
10º



                                                     "LA POBRE VIEJECITA"
                                                           RAFAEL POMBO
                                                            GRADO 10º




                                                  "EN LA DIESTRA DE DIOS PADRE"
                                                     TOMÁS CARRASQUILLA
                                                                               7º
                                




                                                   "EL BUHO Y LAS AVES" -ESOPO
                                                                             6º



HIMNOS- INICIO DEL EVENTO




RECONOCIMIENTO EN ACTO PÚBLICO A LOS MEJORES LECTORES DE LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA
!FELICITACIONES!





MEJORES MUESTRAS LITERARIAS DE LOS GRADOS 9º-Y 11º 
AÑO 2013 Y SEXTOS Y SÉPTIMOS DEL AÑO 2012








 LOS ESTUDIANTES DEL GRUPO 11ºA Y LA DIRECTORA DE GRUPO AGRADECEMOS A TODOS LOS ESTUDIANTES Y DOCENTES LA DONACIÓN DE  MAS DE 500 TEXTOS.
 DE MANERA MUY ESPECIAL RESALTAMOS EL APORTE DE LA DOCENTE  MARTA CECILIA ESPINAL POR LA EXCELENTE COLECCIÓN LITERARIA QUE BRINDA A LA BIBLIOTECA DE NUESTRA INSTITUCIÓN.
MUCHAS GRACIAS




                                                        MARÍA CLARA CAMPILLO
                                                     ESCUELA DE MUSICA COPIMAR
                                                                GRUPO 11ºA


                                               COMPENDIO DE ESCRITORES
                                              CARTELERA GRUPO 11ºA



CARTELERA 
GRUPO 11ºB





LITERATURA COLOMBIANA
CARTELERA 11º A


                                                           

                                                                " LOS YERBATEROS"
                                                                                 8º



                                                   GRUPO DE TEATRO ACORDES



                                                           ANTHONY MARIN
                                                             ESTUDIANTE 8º
                                                                ROMÁN GÓMEZ




jueves, 18 de abril de 2013

EL RETRATO OVAL (EDGAR ALLAN POE) - ESPUMA Y NADA MAS (

 TODOS LOS ESTUDIANTES DEBEN HABER LEÍDO MUY BIEN EL TEXTO QUE TRABAJAREMOS.

LA PRÓXIMA SEMANA CON EL  GRADO UNDÉCIMO TRABAJAREMOS EL SIGUIENTE CUENTO:


EL RETRATO OVAL
Edgar Allan Poe

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban.
Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.
Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.
No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:
"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada: ¡Estaba muerta!"





LOS ESTUDIANTES DE NOVENO TRABAJAREMOS EL SIGUIENTE CUENTO:


Espuma y nada más
Hernando Téllez
(Colombia, 1908-1966)
         No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero el no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La probé luego sobre la yema del dedo gordo y volví a mirarla contra la luz. En ese instante se quitaba el cinturón ribeteado de balas de donde pendía la funda de la pistola. Lo colgó de uno de los clavos del ropero y encima colocó el kepis. Volvió completamente el cuerpo para hablarme y, deshaciendo el nudo de la corbata, me dijo: “Hace un calor de todos los demonios. Aféiteme”. Y se sentó en la silla. le calculé cuatro días de barba. Los cuatro días de la última excursión en busca de los nuestros. El rostro aparecía quemado, curtido por el sol. Me puse a preparar minuciosamente el jabón. Corté unas rebanadas de la pasta, dejándolas caer en el recipiente, mezclé un poco de agua tibia y con la brocha empecé a revolver. Pronto subió la espuma “Los muchachos de la tropa debep tener tanta barba como yo”. Seguí batiendo la espuma. “Pero nos fue bien, ¿sabe? Pescamos a los principales. Unos vienen muertos y otros todavía viven. Pero pronto estarán todos muertos”. “¿Cuántos cogieron?” pregunté. “Catorce. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Pero ya la están pagando. Y no se salvará ni uno, ni uno”. Se echó para atrás en la silla al verme la brocha en la mano, rebosante de espuma Faltaba ponerle la sábana. Ciertamente yo estaba aturdido. Extraje del cajón una sábana y la anudé al cuello de mi cliente. El no cesaba de hablar. Suponía que yo era uno de los partidarios del orden. “El pueblo habrá escarmentado con lo del otro día”, dijo. “Sí”, repuse mientras concluía de hacer el nudo sobre la oscura nuca, olorosa a sudor. “¿Estuvo bueno, verdad?” “Muy bueno”, contesté mientras regresaba a la brocha. El hombre cerró los ojos con un gesto de fatiga y esperó así la fresca caricia del jabón. Jamás lo había tenido tan cerca de mí. El día en que ordenó que el pueblo desfilara por el patio de la escuela para ver a los cuatro rebeldes allí colgados, me crucé con él un instante. Pero el espectáculo de los cuerpos mutilados me impedía fijarme en el rostro del hombre que lo dirigía todo y que ahora iba a tomar en mis manos. No era un rostro desagradable, ciertamente. Y la barba, envejeciéndolo un poco, no le caía mal. Se llamaba Torres. El capitán Torres. Un hombre con imaginación, porque ¿a quién se le había ocurrido antes colgar a los rebeldes desnudos y luego ensayar sobre determinados sitios del cuerpo una mutilación a bala? Empecé a extender la primera capa de jabón. El seguía con los ojos cerrados. “De buena gana me iría a dormir un poco”, dijo, “pero esta tarde hay mucho qué hacer”. Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: “¿Fusilamiento?” “Algo por el estilo, pero más lento”, respondió. “¿Todos?” “No. Unos cuantos apenas”. Reanudé de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no podía darse cuenta de ello y ésa era mi ventaja. Pero yo hubiera querido que él no viniera. Probablemente muchos de los nuestros lo habrían visto entrar. Y el enemigo en la casa impone condiciones. Yo tendría que afeitar esa barba como cualquiera otra, con cuidado, con esmero, como la de un buen parroquiano, cuidando de que ni por un solo poro fuese a brotar una gota de sangre. Cuidando de que en los pequeños remolinos no se desviara la hoja. Cuidando de que la piel, quedara limpia, templada, pulida, y de que al pasar el dorso de mi mana por ella, sintiera la superficie sin un pelo. Sí. Yo era un revolucionario clandestino, pero era también un barbero de conciencia, orgulloso de la pulcritud en su oficio. Y esa barba de cuatro días se prestaba para una buena faena.
         Tomé la navaja, levanté en ángulo oblicuo las dos cachas, dejé libre la hoja y empecé la tarea, de una de las patillas hacia abajo. La hoja respondía a la perfección. El pelo se presentaba indócil y duro, no muy crecido, pero compacto. La piel iba apareciendo poco a poco. Sonaba la hoja con su ruido característico, y sobre ella crecían los grumos de jabón mezclados con trocitos de pelo. Hice una pausa para limpiarla, tomé la badana, de nuevo yo me puse a asentar el acero, porque soy un barbero que hace bien sus cosas. El hombre que había mantenido los ojos cerrados, los abrió, sacó una de las manos por encima de la sábana, se palpó la zona del rostro que empezaba a quedar libre de jabón, y me dijo: “Venga usted a las seis, esta tarde, a la Escuela”. “¿Lo mismo del otro día?”, le pregunté horrorizado. “Puede que resulte mejor”, respondió. “¿Qué piensa usted hacer?” “No sé todavía. Pero nos divertiremos”. Otra vez se echó hacia atrás y cerró los ojos. Yo me acerqué con la navaja en alto. “¿Piensa castigarlos a todos?”, aventuré tímidamente. “A todos”. El jabón se secaba sobre la cara. Debía apresurarme. Por el espejo, miré hacia la calle. Lo mismo de siempre: la tienda de víveres y en ella dos o tres compradores. Luego miré el reloj: las dos veinte de la tarde. La navaja seguía descendiendo. Ahora de la otra patilla hacia abajo. Una barba azul, cerrada. Debía dejársela crecer como algunos poetas o como algunos sacerdotes. Le quedaría bien. Muchos no lo reconocerían. Y mejor para él, pensé, mientras trataba de pulir suavemente todo el sector del cuello. Porque allí sí que debía manejar coro habilidad la hoja, pues el pelo, aunque es agraz, se enredaba en pequeños remolinos. Una barba crespa. Los poros podían abrirse, diminutos, y soltar su perla de sangre. Un buen barbero como yo finca su orgullo en que eso no ocurra a ningún cliente. Y éste era un cliente de calidad. ¿A cuántos de los nuestros había ordenado matar? ¿A cuántos de los nuestros había ordenado que los mutilaran? ... Mejor no pensarlo. Torres no sabía que yo era un enemigo. No lo sabía él ni lo sabían los demás. Se trataba de un secreto entre muy pocos, precisamente para que yo pudiese informar a los revolucionarios de lo que Torres estaba haciendo en el pueblo y de lo que proyectaba hacer cada vez que emprendía una excursión para cazar revolucionarios. Iba a ser, pues, muy difícil explicar que yo lo tuve entre mis manos y lo dejé ir tranquilamente, vivo y afeitado.
         La barba le había desaparecido casi completamente. Parecía más joven, con menos años de los que llevaba a cuestas cuando entró. Yo supongo que eso ocurre siempre con los hombres que entran y salen de las peluquerías. Bajo el golpe de mi navaja Torres rejuvenecía, sí; porque yo soy un buen barbero, el mejor de este pueblo, lo digo sin vanidad. Un poco más de jabón, aquí, bajo la barbilla, sobre la manzana, sobre esta gran vena. ¡Qué calor! Torres debe estar sudando como yo. Pero él no tiene miedo. Es un hombre sereno que ni siquiera piensa en lo que ha de hacer esta tarde con los prisioneros. En cambio yo, con esta navaja entre las manos, puliendo y puliendo esta piel, evitando que brote sangre de estos poros, cuidando todo golpe, no puedo pensar serenamente. Maldita la hora en que vino, porque yo soy un revolucionario pero no soy un asesino. Y tan fácil como resultaría matarlo. Y lo merece. ¿Lo merece? No, ¡qué diablos! Nadie merece que los demás hagan el sacrificio de convertirse en asesinos. ¿Qué se gana con ello? Pues nada. Vienen otros y otros y los primeros matan a los segundos y éstos a los terceros y siguen y siguen hasta que todo es un mar de sangre. Yo podría cortar este cuello, así, ¡zas! No le daría tiempo de quejarse y como tiene los ojos cerrados no vería ni el brillo de la navaja ni el brillo de mis ojos. Pero estoy temblando como un verdadero asesino. De ese cuello brotaría un chorro de sangre sobre la sábana, sobre la silla, sobre mis manos, sobre el suelo. Tendría que cerrar la puerta. Y la sangre seguiría corriendo por el piso, tibia, imborrable, incontenible, hasta la calle, como un pequeño arroyo escarlata. Estoy seguro de que un golpe fuerte, una honda incisión, le evitaría todo dolor. No sufriría. ¿Y qué hacer con el cuerpo? ¿Dónde ocultarlo? Yo tendría que huir, dejar estas cosas, refugiarme lejos, bien lejos. Pero me perseguirían hasta dar conmigo. “El asesino del Capitán Torres. Lo degolló mientras le afeitaba la barba. Una cobardía”. Y por otro lado: “El vengador de los nuestros. Un nombre para recordar (aquí mi nombre). Era el barbero del pueblo. Nadie sabía que él defendía nuestra causa...” ¿Y qué? ¿Asesino o héroe? Del filo de esta navaja depende mi destino. Puedo inclinar un poco más la mano, apoyar un poco más la hoja, y hundirla. La piel cederá como la seda, como el caucho, como la badana. No hay nada más tierno que la piel del hombre y la sangre siempre está ahí, lista a brotar. Una navaja como ésta no traiciona. Es la mejor de mis navajas. Pero yo no quiero ser un asesino, no señor. Usted vino para que yo lo afeitara. Y yo cumplo honradamente con mi trabajo... No quiero mancharme de sangre. De espuma y nada más. Usted es un verdugo y yo no soy más que un barbero. Y cada cual en su puesto. Eso es. Cada cual en su puesto.
         La barba había quedado limpía, pulida y templada. El hombre se incorporó para mirarse en el espejo. Se pasó las manos por la piel y la sintió fresca y nuevecita.
         “Gracias”, dijo. Se dirigió al ropero en busca del cinturón, de la pistola y del kepis. Yo debía estar muy pálido y sentía la camisa empapada. Torres concluyó de ajustar la hebilla, rectificó la posición de la pistola en la funda y, luego de alisarse maquinalmente los cabellos, se puso el kepis. Del bolsillo del pantalón extrajo unas monedas para pagarme el importe del servicio. Y empezó a caminar hacia la puerta. En el umbral se detuvo un segundo y volviéndose me dijo:
         “Me habían dicho que usted me mataría. Vine para comprobarlo. Pero matar no es fácil. Yo sé por qué se lo digo”. Y siguió calle abajo.


lunes, 15 de abril de 2013

CONCURSO

POR FAVOR LEAN ATENTAMENTE LA INFORMACIÓN ADJUNTA SOBRE EL CONCURSO PARA LA BUENA DIFUSIÓN DEL ESPAÑOL  EN LA RED.

HE INSCRITO EL BLOG EN LA CATEGORÍA: MEJOR BLOG DE ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL.
DE MANERA MUY ESPECIAL LES SOLICITO VOTAR ASÍ:

http://www.concursoblog.es/blog/creacionesliterariasrg_blogspot_com/516c9f4b578a4


ALLÍ ENCUENTRAN LA OPCIÓN VOTAR.


MUCHAS GRACIAS



EL CONCURSO

La Universidad de Alcalá, el Instituto Cervantes, Google, Madrid Network-Cluster del Español, Fundéu BBVA, Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y Monografías.com ponen en marcha la II Edición del Concurso de Blogs con el objetivo de fomentar el buen uso del español, además de su difusión cultural entre los internautas.
El concurso está abierto a cualquier persona física, mayor de 18 años, así como a cualquier persona jurídica, que sea responsable directo de la gestión del blog. Para poder ser considerado como candidato, el blog deberá haberse creado con anterioridad al 1 de enero de 2013 y estar activo durante el transcurso del certamen; asimismo, el blog debe ser actualizado periódicamente.
Al menos uno de los gestores del blog deberá ser identificable para garantizar la responsabilidad de la creación y actualización de los contenidos. Sólo se permitirá una participación por persona física o jurídica y blog.

EL OBJETIVO

  • Fomentar el buen uso del español en Internet.
  • Difundir la cultura en español en la red (patrimonio, literatura, gastronomía y/o cultura artística, musical o audiovisual).

CATEGORÍAS

Mejor blog joven (18 a 26 años)
Premio al mejor blog creado por jóvenes entre 18 y 26 años, que destaque por el correcto uso del español y por la difusión del patrimonio, la literatura, la gastronomía y/o la cultura artística, musical o audiovisual en español.
Mejor blog de enseñanza del español
Premio al mejor blog relacionado con la enseñanza del español que destaque por su innovación pedagógica y su contribución al correcto uso del español.
Mejor blog de difusión de la cultura en español
Premio al mejor blog de difusión y promoción del patrimonio, la literatura, la gastronomía y/o la cultura artística, musical o audiovisual en español

jueves, 11 de abril de 2013

Cuentos

 Para los grados noveno y undécimo, respectivamente.
Los siguientes textos, son dos cuentos cortos e interesantes que trabajaremos la próxima semana en clases.



LA TEJEDORA
MARINA COLASANTI

Se despertaba cuando todavía estaba oscuro, como si pudiera oír al sol llegando por detrás de las márgenes de la noche. Luego, se sentaba al telar.
Comenzaba el día con una hebra clara. Era un trazo delicado del color de la luz que iba pasando entre los hilos extendidos, mientras afuera la claridad de la mañana dibujaba el horizonte.
Después, lanas más vivaces, lanas calientes iban tejiendo hora tras hora un largo tapiz que no acababa nunca.
Si el sol era demasiado fuerte y los pétalos se desvanecían en el jardín, la joven mujer ponía en la lanzadera gruesos hilos grisáceos del algodón más peludo. De la penumbra que traían las nubes, elegía rápidamente un hilo de plata que bordaba sobre el tejido con gruesos puntos. Entonces, la lluvia suave llegaba hasta la ventana a saludarla.
Pero si durante muchos días el viento y el frío peleaban con las hojas y espantaban los pájaros, bastaba con que la joven tejiera con sus bellos hilos dorados para que el sol volviera a apaciguar a la naturaleza.
De esa manera, la muchacha pasaba sus días cruzando la lanzadera de un lado para el otro y llevando los grandes peines del telar para adelante y para atrás.
No le faltaba nada. Cuando tenía hambre, tejía un lindo pescado poniendo especial cuidado en las escamas. Y rápidamente el pescado estaba en la mesa esperando que lo comiese. Si tenía sed, entremezclaba en el tapiz una lana suave del color de la leche. Por la noche dormía tranquila después de pasar su hilo de oscuridad.
Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer.
Pero tejiendo y tejiendo ella misma trajo el tiempo en que se sintió sola. Y por primera vez pensó que sería bueno tener al Iado un marido.
No esperó al día siguiente. Con el antojo de quien intenta hacer algo nuevo, comenzó a entremezclar en el tapiz las lanas y los colores que le darían compañía. Poco a poco, su deseo fue apareciendo. Sombrero con plumas, rostro barbado, cuerpo armonioso, zapatos lustrados. Estaba justamente a punto de tramar el último hilo de la punta de los zapatos cuando llamaron a la puerta.
Ni siquiera fue preciso que abriera. El joven puso la mano en el picaporte, se quitó el sombrero y fue entrando en su vida.
Aquella noche, recostada sobre su hombro, pensó en los lindos hijos que tendría para que su felicidad fuera aún mayor y fue feliz por algún tiempo. Pero si el hombre había pensado en hijos, pronto lo olvidó. Una vez que descubrió el poder del telar, sólo pensó en todas las cosas que éste podía darle.
—Necesitamos una casa mejor— le dijo a su mujer. Y a ella le pareció justo, porque ahora eran dos. Le exigió que escogiera las más bellas lanas color ladrillo, hilos verdes para las puertas y las ventanas, y prisa para que la casa estuviera lista lo antes posible.
Pero una vez que la casa estuvo terminada, no le pareció suficiente.
—¿Por qué tener una casa si podemos tener un palacio? —preguntó. Sin esperar respuesta, ordenó inmediatamente que fuera de piedra con terminaciones de plata.
Días y días, semanas y meses trabajó la joven tejiendo techos y puertas, patios y escaleras y salones y pozos. Afuera caía la nieve, pero ella no tenía tiempo para llamar al sol. Cuando llegaba la noche, ella no tenía tiempo para rematar el día. Tejía y entristecía, mientras los peines batían sin parar al ritmo de la lanzadera.
Finalmente el palacio quedó listo. Y entre tantos ambientes, el marido escogió para ella y su telar el cuarto más alto, en la torre más alta.
—Es para que nadie sepa lo del tapiz —dijo. Y antes de poner llave a la puerta le advirtió: —Faltan los establos. ¡Y no olvides los caballos!
La mujer tejía sin descanso los caprichos de su marido, llenando el palacio de lujos, los cofres de monedas, las salas de criados. Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer y tejiendo y tejiendo, ella misma trajo el tiempo en que su tristeza le pareció más grande que el palacio, con riquezas y todo. Y por primera vez pensó que sería bueno estar sola nuevamente.
Sólo esperó a que llegara el anochecer. Se levantó mientras su marido dormía soñando con nuevas exigencias. Descalza, para no hacer ruido, subió la larga escalera de la torre y se sentó al telar.
Esta vez no necesitó elegir ningún hilo. Tomó la lanzadera del revés y. pasando velozmente de un lado para otro comenzó a destejer su tela. Destejió los caballos, los carruajes, los establos, los jardines. Luego destejió a los criados y al palacio con todas las maravillas que contenía. Y nuevamente se vio en su pequeña casa y sonrió mirando el jardín a través de la ventana.
La noche estaba terminando cuando el marido se despertó extrañado por la dureza de la cama. Espantado miró a su alrededor. No tuvo tiempo de levantarse. Ella ya había comenzado a deshacer el oscuro dibujo de sus zapatos y él vio desaparecer sus pies esfumarse sus piernas. Rápidamente la nada subió por el cuerpo. Tomó el pecho armonioso, el sombrero con plumas.
Entonces como si hubiese percibido la llegada del sol, la muchacha eligió una hebra clara. Y fue pasándola lentamente entre los hilos como un delicado trazo de luz que la mañana repitió en la línea del horizonte.






EL ECLIPSE
AUGUSTO MONTERROSO

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.


domingo, 7 de abril de 2013

Contenidos segundo periodo


MICROCURRICULO
IE ROMÁN GÓMEZ LENGUA CASTELLANA
2013
GRADO 11º  SEGUNDO PERIODO
DOCENTE: OHARA JANET CORREA CORREA

Sesiones

Unidad

Logro

Indicador de Logro
Estrategias pedagógicas (Didácticas)

Criterios de Evaluación

Panorama histórico y cultural  de la literatura medieval, renacentista y romántica

Autores y obras medievales y renacentistas y románticos

Evidenciar  en sus producciones el conocimiento de los aspectos relevantes de la literatura medieval,  renacentista y romántica.


Respeta  las diferentes manifestaciones literarias dadas a través de la historia.

Reconoce los contextos literarios y el aporte de éstos a la sociedad de la época.

Diseña un esquema de interpretación teniendo en cuenta el tipo de texto, tema, interlocutor e intención comunicativa.

Lectura dirigida de documentos

Lectura de obras literarias

Lectura dirigida

Resúmenes
Análisis teórico, morfológico y sintáctico de documentales y del libro leído

Ideogramas

Analogías

Matriz C-Q-A

El ensayo y sus clases.

Ensayo científico.

El esquema
Argumentativo.

Interpretar textos de carácter argumentativos. Desarrollando  las ideas con rigor y atendiendo las características propias del género.
Asume con responsabilidad el trabajo asignado.

Expresa con claridad  y coherencia sus ideas.

Realiza textos coherentes de diferentes temas.


Características claves de un ensayo

Esquema para elaborar textos argumentativos


Presentar un ensayo científico sobre un tema de interés y relacionado con la actualidad

Ideogramas

Producción de textos


La reseña,  la relatoría y el protocolo.

Homófonas – parónimas – sinónimas y antónimas en contexto Propiedades de la comunicación el cartel o afiche

Desarrollar procesos de corrección lingüística en la producción de textos orales y escritos.

Desarrollar procesos de corrección lingüística en la producción de textos orales y escritos.
Reconoce las estrategias argumentativas que posibiliten la construcción de textos orales y escritos.
Produce diferentes textos escritos y orales con una intención, utilizando  la  reseña,  la relatoría y el protocolo.

Valora la comunicación recibida y la clasifica según su interés.
Concurso de palabras según su estructura
Talleres de aplicación 
Elaboración de textos cortos donde se utilicen las siglas y abreviaturas según la R Academia L española

Talleres evaluativos tipo ICFES

Producción de textos

Portafolio

Informe

Elaboración de carteles

MICROCURRICULO
IE ROMÁN GÓMEZ LENGUA CASTELLANA
2013
GRADO 9º  SEGUNDO PERIODO
DOCENTE: OHARA JANET CORREA CORREA

Sesiones

Unidad

Logro

Indicador de Logro
Estrategias pedagógicas (Didácticas)

Criterios de Evaluación

Pre renacimiento
Renacimiento
Barroco e ilustración

Evidenciar en sus producciones el conocimiento de los aspectos relevantes de la literatura  renacentista, barroco e ilustración.
Respeta  las diferentes manifestaciones literarias dadas a través de la historia.

Reconoce los contextos literarios y el aporte de éstos a la sociedad de la época.

Diseña un esquema de interpretación teniendo en cuenta el tipo de texto, tema, interlocutor e intención comunicativa.

Lectura dirigidas
Análisis de textos literarios
Lluvia de ideas.
Preguntas abiertas y cerradas.
Lectura dirigida.
exposiciones
Investigación sobre la temática trabajada.
Ilustraciones

Sumativa
Marco teórico o teoría conceptual de los temas presentados.
Presentación de informes comparativos
Análisis de situación problemas que se presenta en cada una de las épocas
Lectura dirigida.
Sustentación de la lectura



Vocabulario
Lengua
Lenguaje
Dialecto
Habla

Interpretar  las formas de expresión en cuanto a lengua, lenguaje, dialecto y habla
Respeta las formas de expresión de sus compañeros.

Establece diferencias  entre lengua, lenguaje  dialecto y habla;
Elabora  guiones teatrales  y hace dramatizaciones de diferentes contextos lingüísticos.
Ensayos sobre debates

Aplicación de exposiciones

Concurso de oratoria
Talleres tipo ICFES

Autoevaluación

Coevaluación

Heteroevaluación

La palabra, el texto La oración, el  párrafo
Tipología de textos
Ortografía: correcciones idiomáticas.
La tilde diacrítica.
La homofonía
Desarrollar  procesos de corrección lingüística en mi producción de textos orales y escritos.

Demuestra interés en la elaboración de textos orales y escritos.

Comprende las diferentes divisiones de los textos  y su tipología.

Construye textos de diferentes tipologías y con  buena redacción
Análisis de la estructura de los diversos textos
Concurso de ortografía
Elaboración de historias haciendo uso de diversos tipos de textos



Producción de textos
Aplicación de normas ortográficas
Utilización y manejo de vocabulario  nuevo en contextos determinado









Propiedades de la comunicación.
-Comunicación oral, generalidades y estilos.
-La publicidad
-La asamblea


Identificar  las estrategias que me sirven para la adquisición de información en cualquier campo.


Valora la comunicación recibida y la clasifica según su interés.

Clasificar,  de manera adecuada, cada una de las informaciones que recibe; teniendo en cuenta: medio, intención y contexto.
Participa en la selección de información que le llega.

Investigación sobre la temática trabajada

Análisis teórico

Talleres
Producción de textos


Toma de apuntes.
Descripciones.
Sustentaciones.
Elaboración de síntesis.
Analogía.
Mapas mentales.
Reconocer la importancia de la toma de apuntes y la elaboración de mapas mentales en los procesos de adquisición de conocimiento.
Valora la importancia de las relaciones analógicas, los mapas mentales y la elaboración de síntesis en su proceso académico.
Identifica  los pasos para la elaboración de apuntes, descripciones, analogías y resúmenes.
Realiza toma de apuntes, descripciones, mapas mentales y sintetiza de manera clara y  coherente
Elabora mapas mentales

Hace resúmenes y apuntes
Análisis teórico de analogías

Análisis Inferencial de oraciones